Hilos de Sangre y Otras Historias
Gilberto Castillo
A estas alturas, estaban los apellidos plenamente establecidos, los que se habían sembrado desde la Conquista en este lado del océano: los Maldonado de Mendoza, con quienes muchos buscaban emparentar; los Ospina, los Venegas, los Berrío, los Caicedo, los Dávila, los Ponce de León, los Pastrana y los Ocaris. Después, caminando en el tiempo, llegarían los Vélez de Guevara, los Sa...
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A estas alturas, estaban los apellidos plenamente establecidos, los que se habían sembrado desde la Conquista en este lado del océano: los Maldonado de Mendoza, con quienes muchos buscaban emparentar; los Ospina, los Venegas, los Berrío, los Caicedo, los Dávila, los Ponce de León, los Pastrana y los Ocaris. Después, caminando en el tiempo, llegarían los Vélez de Guevara, los Sanz de Santamaría, los Ricaurte y los Camacho. Los Herrera Sotomayor, los Prieto de Salazar, los Ortega, los Lozano de Peralta, los Álvarez de Casal, los González Manrique, los Portocarrero, los Nariño, los Groot, los Carbonell, los Leyva, los París y los García Olano. Estos apellidos, con paciencia y con el pasar de los años, se comenzaron a abrazar unos con otros para proceder a firmar la nómina oficial, organizar la Revolución de los Comuneros cuando les convino y lanzar el Grito de Independencia cuando se hizo necesario, así como declarar la emancipación de España. Después, por descendencia e hilos de sangre, llegarían los Mosquera, los Lleras, los Valencia, los Cabal, los Holguín, los Iragorri, los López y otros, quienes continuaron trabajando para no perder la nómina conquistada y para que el movimiento político y administrativo girara en torno de sus herederos hasta nuestros días. Lo sorprendente es que todos estos apellidos, sin importar la época, se aglutinaron en torno a la familia establecida por el conquistador Antón Olalla, quien vino con Gonzalo Jiménez de Quesada, "fundador" de Bogotá.
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