Lo Diabólico lo Demónico y lo Faústico en la Literatura la Música y el Arte
Miguel Salmerón Infante
Todo proceso de conocimiento de sí no puede prescindir del encaramiento de nuestro lado oscuro. De hecho, y para ser más exactos, consiste principalmente en dicho encaramiento. Nos resulta mucho más llevadero, inicial y engañosamente, ?extroyectar? todo ese material enojoso y sospechoso fuera de nosotros, sentirnos ajenos a este, expulsarlo, soslayarlo, reprimirlo. Las religio...
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Todo proceso de conocimiento de sí no puede prescindir del encaramiento de nuestro lado oscuro. De hecho, y para ser más exactos, consiste principalmente en dicho encaramiento. Nos resulta mucho más llevadero, inicial y engañosamente, ?extroyectar? todo ese material enojoso y sospechoso fuera de nosotros, sentirnos ajenos a este, expulsarlo, soslayarlo, reprimirlo. Las religiones se han enfrentado de modo muy diverso en diferentes momentos y bajo el tamiz de diferentes contextos sociales y políticos al problema del mal. En general, se podría decir que las religiones orientales y las politeístas, al dispersar lo divino y su orden por el cosmos, han tendido igualmente a dispersar por el conjunto de la realidad lo-todavía-no divino, lo-ya-no-divino y lo-contrario-de-lo-divino. Sin embargo, las religiones occidentales que unifican e hipostasian el bien, la verdad y la belleza en un solo ser también tienden a unificar el mal sustanciándolo e incluso personificándolo: en el diablo. Con la evolución de las formas plásticas, lo feo y diabólico acaba teniendo intenciones de expresividad de denuncia, de crítica social. La música, la literatura y las artes plásticas nos dan ejemplo de cómo se han considerado estas categorías atribuibles a lo feo.
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